En Proceso · May 19, 2026

Pan de Dulce: Quedarse quieto cuando no puedes huir de ti mismo

Sebastián Peralta lleva años componiendo canciones que nadie escuchó todavía. Desde Guayaquil hasta Buenos Aires y de vuelta, Pan de Dulce es el proyecto de alguien que sigue aprendiendo cuándo soltarse.

Pan de Dulce: Quedarse quieto cuando no puedes huir de ti mismo

Descubrí a Pan de Dulce por Ups. Luego no encontraba mucha información — era un misterio, de esos músicos con un sonido peculiar de los que nadie sabe nada. Solo un EP que me encantaba y canciones y maquetas en SoundCloud que dejaban un rastro solamente. Me enteré después que dos de los integrantes que aparecían en los videos ya no estaban en la banda y que Sebastián seguía componiendo por su cuenta. Le escribí a su Instagram porque vi que todavía publicaba cosas ocasionalmente. Después de un par de días me respondió: “Holaaa disculpa recién lo leo :)… Siii hagamos esa videollamada.”

¿Cómo fue el viaje? ¿Qué pasó allá?

Sebastián: Al comienzo en mi cabecita, llena de ilusiones y expectativas estúpidas, soñaba con irme a Buenos Aires para pegarla ya, tocar full, establecer mi carrera allá. Pero al final fue más que nada para conocerme y para encontrar un nuevo sonido. El plan resultó ser otro. Y tampoco voy a mentir: no me estoy satisfecho con los resultados.

Tuve unas épocas medio oscuras. Llegué, tuve una relación, la relación se fue al carajo, y como que todos mis amigos se fueron porque era Navidad. Me quedé solito allá y hacía un calor de mierda, hacía demasiado calor. Estaba solo, solo, solo, solo. Unas amigas me habían prestado su departamento y me quedé ahí como tres semanas. Solo me hice amigo de unos manes bien cuestionables en un bar bohemio de tango, que eran bien drogos los manes. Me quedé habitando con esos personajes como tres semanas y entré en una espiral de autodestrucción. Fue espantoso. Fue como: verga, ¿qué estoy haciendo con mi vida?

Te sacude eso, ¿no? Estar en un lugar donde a nadie le importa lo que te está pasando porque no te conocen.

Sebastián: Totalmente. Luego tuve que resurgir: me encontré trabajo, tuve mi propio depa, fui saliendo adelante poco a poco. Una vez que estaba en un espacio de más estabilidad, me pude sentar a escribir y decir: ¿qué chucha acaba de pasar? ¿Qué fue todo esto? Toda esta mierda, estos dos meses súper oscuros. Me ayudó a conocerme, me ayudó a entender cuáles son mis límites y las cosas que no debo hacer para estar bien.

Fue arriesgado, porque a veces la gente cuando se mete en esos espirales de fiesta eterna no puede salir más. Pero yo supe salirme. El resto del año fue básicamente supervivencia, sobrevivir por tu cuenta en todo aspecto. Pero eso también dio bastante material para escribir.

Está buena esa experiencia de vivir solo en una ciudad que no es la tuya. Te pones en contacto con emociones más íntimas, sacas nuevas facetas de ti, te conoces un montón.

Antes de Buenos Aires, ¿cómo era el proyecto? Porque empezaste con banda y terminaste solo.

Sebastián: Es como que ya no tienes a alguien con el que estás trabajando espalda a espalda, todo el tiempo chateando: oye, salió esto, pilas que tenemos que entregar esto. Como un equipo, ya no existe eso. Entonces es más responsabilidad para uno, y eso en mi caso se ha traducido en que me he demorado bastante en cumplir los deadlines, en sacar nuevos temas, en mandar a mezclar cosas. Toda esa cadena se alargó un poco más. Eso es algo muy negativo, y que se podría solucionar con un poquito de disciplina, tampoco que es imposible.

Pero lo positivo es que el proyecto siempre fue bastantísimo de la mano de viajar y conocer Latinoamérica. Y si estás solo, tienes más chance de ir a todos lados, porque mover más gente es complicado, cada quien tiene su agenda. Por ese lado, el proyecto va a estar donde esté yo. Hay una parte muy hippie de eso: nunca quedarse en un solo lugar, siempre cambiando de ciudad, haciendo contactos por el mundo. Eso me gusta. Pero sí, tengo que trabajar mi disciplina.

¿Y musicalmente, qué pasó en estos dos años? Porque hay mucho en SoundCloud pero poco en otras plataformas.

Sebastián: La verdad que ha sido súper difícil seguir el ritmo moderno de cómo los artistas sacan música. No entiendo cómo la gente hace para sacar tanta, porque yo no es que no compongo, compongo todo el tiempo y tengo hasta una carpeta con 200, 300 canciones, compongo al menos dos por semana. Produzco un montón a manera personal. Pero la etapa de pulir eso hasta sacarlo al mundo es una etapa que me cuesta un montón, más que por falta de disciplina, sino también comiéndome la cabeza de si esto es lo que quiero exponer, le doy muchas vueltas.

Y eso está malo, o sea, hay una manera más positiva de hacer las cosas que es tener un ritmo constante de sacar y sacar y sacar. Pero yo me hago mucho problema en la cabeza. Y no es porque me importe lo que la gente piense, eso me chupa el huevo, porque siempre hay gente que lo va a encontrar increíble y gente que lo va a encontrar una mierda. El problema soy yo: me puede gustar muchísimo un tema que hice, y al día siguiente me parece la cosa más horrible del mundo.

Me pasa con todo mi LP. Sé que a mucha gente le gusta, y a mí me gustó mucho en su momento, pero ahorita lo escucho y vomito, no lo puedo cantar. No es por desmerecerme, sino porque creo que es el efecto natural de haberlo escuchado demasiado. Si tú lo escuchas, lo habrás escuchado un par de veces. Yo le dí mil vueltas.

¿Y la banda te ayudaba a soltar las canciones, a decirte ya, déjalo?

Sebastián: Sí, sí, Valentina sí era: ya sácalo, no más sácalo, está bien. Pero con Techo, sí, porque de hecho regrabamos el EP de Chequea Mi Máquina. Lo grabamos en el 2022, y al terminarlo no nos gustó a ninguno. Pero nadie quería decirle al otro que estaba malo, y todos nos estábamos quedando locos. Un día nos sentamos con nuestro productor, Mateo del Pozo, y ellos ya habían hablado a mis espaldas. Me dijeron: tenemos un plan, grabémoslo todo de nuevo. Y yo: ya está bien, de uno. Yo no lo quería proponer porque tenía miedo que me mandaran a la verga. Pero si estamos todos en la misma página, ¿por qué no? Nos costó más plata y más tiempo, pero valió la pena definitivamente.

¿En qué momento dijiste ya, hay que sacar esto?

Sebastián: Para simplificar, estos dos años solo estaba avanzando y retrocediendo, avanzando y retrocediendo en lo que quiero exponer. Pero ya me corté. Dije: tienes que sacar esto, y se acabó. Si a la mitad del proceso te dejan de gustar las canciones, no importa. Igual sácalo. Luego vas a sacar más para reivindicarte si te parece una mierda. No pienso retroceder un paso a partir de ahora.

Mucha gente piensa que me retiré porque no estoy en redes. Pero yo sigo tocando todos los fines de semana, en Buenos Aires tocaba todos los fines de semana. Lo que pasa es que se le exige mucho al músico ahorita: subir casi cada tres meses un single, aunque sea. Y hasta que no sientes que lo que estás diciendo transmite algo, que hay un mensaje que para tí importa, puede tardar mucho. Yo tenía canciones que me gustaban pero sentía que no transmitían absolutamente nada. Tampoco va por ahí, ¿no? Es complicado. Lo sobrepienso mucho, como te puedes dar cuenta.

¿Y de qué habla la nueva música?

Sebastián: Tres canciones fueron hechas en Guayaquil antes del viaje a Argentina, y el resto se compusieron allá. Hablan bastante de amor, de terminar relaciones. En los dos últimos años solo pasé empezando relaciones y terminándolas. Creo que subconscientemente me metí en ellas para terminar y escribir acerca de eso.

Ahorita estoy buscando hablar de otros temas, porque ya no me repela tanto eso. Pero quedaron bastantes temas de desamor plasmados en este EP. Hay algunos sobre fiesta y el alcoholismo. Y sí, siempre intento hablar de cosas que me pasan en el día a día.

Ahorita ando bastante frustrado con el sistema, con el hecho de mantener una vida y salir adelante con todo. Creo que ese va a ser mi siguiente paso artístico, porque ya me estoy pudriendo de hablar de amor. No quiero trabajo normal tampoco, ya tuve muchos y fue espantoso.

Fiesta, desamor, inconformidad con el sistema. Son cosas que todos vivimos en el día a día.

¿Y Buenos Aires te cambió también el sonido?

Sebastián: Sí. El rock está demasiado vivo allá, y empecé a buscar un sonido un poquito más agresivo, más con distorsiones. Me hizo darme cuenta del poder del rock, que no está muerto y que a nivel global creo que está teniendo su comeback. Y lo que me pareció muy interesante de Argentina es que el rock puede ser música barrial, algo que en Ecuador no pasa. Allá adoptaron el rock como algo de ellos mismos, y eso es loco. La ciudad me tocó en ese sentido. Para este EP todavía no se siente tanto, pero para el tercer EP sí.

¿Qué viene entonces?

Sebastián: Solo quiero poder tener un proyecto lo suficientemente estable que me permita viajar por la región. Todo se trata de tocar en vivo, que es lo que más disfruto. Quiero llegar a un punto en el que pueda ir a cualquier lado, armar mi banda, y que la gente caiga. Conocer todo México, todo Colombia, Perú, Brasil. La música es la mejor herramienta para hacer eso.

Y seguir sacando EPs. Un álbum todavía no, lo tengo reservado para tal vez en dos añitos más. Me gusta la idea de los EPs porque son formas de comunicar cortas y son bien divertidas. Las veo como historietas. Un álbum es una novela, pero el EP es chévere porque es como si Spiderman estuviera sacando historietas: historias pequeñas, maneras rápidas de conexión.

Última pregunta: ¿qué canción te hubiera gustado escribir?

Sebastián: Está muy buena esa pregunta, se me ocurren demasiadas. Y ahorita que me lo dices como que me pones demasiado en el spotlight, se me congela el cerebro.

Pero tengo que confesar algo: yo soy super salsero, loco. Lo que más me gusta, aunque no lo refleje mi música, es la salsa. Hago música indie, música tipo rock, pero mi mayor deseo a veces es componer salsa. Y a veces hago salsa solo para mí, pero es un género que se me complica mucho hacer. De hecho admiro bastante a los salseros por todo eso.

Mi cantante favorito es Ismael Rivera, de Santurce, Puerto Rico. Si pudiera elegir un álbum completo que me hubiera gustado escribir, sería Esto fue lo que trajo el barco. Es el que me inició en la salsa cuando tenía 14 años, mi hermano me lo mostró y desde ahí nunca más pude dejar ese género. Es otra filosofía para hacer música, es complicado, pero no es imposible.

Uno de mis sueños más eróticos es irme a Cali o a Puerto Rico a aprender salsa con los maestros, con la gente que sabe de verdad. Podría ser un proyecto post Pan de Dulce, cuando supere el indie por completo.

Entrevista: Héctor Martínez | Fotos: Roberta Donate | The Roomtone