Esta es la tercera vez que grabo esta entrevista con De Ciertos Pensamientos. Se los dije en cuanto prendí la grabadora, y nos dio risa a los tres. En esta última ocasión no pudo estar la banda completa, nos faltaron Jesús y Carlos, tal vez se cansaron de repetir la entrevista porque los dos intentos anteriores que nunca vieron la luz, no por la banda, por mí.
Lo raro es que a ellos no debería costarles tanto estar del otro lado del micrófono. Óscar canta y toca el bajo, produce y da clases de música. Edu lleva la guitarra rítmica y mezcla. Llevan años metidos en estudios ajenos, arreglando canciones de otra gente. Esta vez las canciones son suyas, y el que tiene que cargar el ampli, buscar dónde dormir y subirse a un escenario son ellos.
El disco iba a sonar como estar en terapia. Cada canción es un trauma distinto.
Ojalá esta sí salga.

En la música vernácula mexicana, pienso en Juan Gabriel, en Vicente Fernández, hay algo de cantar desde la entraña. Hay una versión de una canción de Rodrigo González que canta Rita Guerrero, sobre alguien solo, alcohólico. La escuché y se me salieron las lágrimas. Cuando ensayaban “Efímero”, ¿te pasó algo así? ¿Lloraste?
Óscar: Sí me sentí identificado, porque sí tuve un momento de depresión duro hace ya varios años. Me acuerdo de estar solo en una habitación, tomándome una botella así, yo solito. Ni con refresco ni nada, así solito. Nomás tratando de que esa botella borrara todo lo malo que me estaba pasando, güey.

Sí me sentí muy identificado. Y las voces principales de esa rola son las de la maqueta: no las volví a grabar. Todos estuvimos de acuerdo con eso. Cuando la escribí estaba un poco enfermo, entonces sueno así como más mormado, más nasal. Y eso también le da esa sensación. Estaba más triste, güey.

Óscar: Te soy honesto, cuando la hice me daba mucha pena, porque es la primera rola donde hago una técnica de voz que le llamo “quemar la voz”, como fries, una voz rasposa, gritos, así como aguardientosa. Es la primera en la que me aventé a hacerlo. Y es una rola muy desnuda: donde empiezo a gritar nada más hay de fondo un piano y la voz a full gritando.

La letra la escribió el baterista. Me la mandó y me dijo: “mira, esta letra retrata a un güey en una depresión muy dura, tomando solo en su cuarto para tratar de olvidar su soledad.” La leí, me metí, y empecé a hacer la rola. La hice en dos, tres horas, porque son de esas cosas que conectas de verguiza. Me acuerdo estar en mi cuarto, gritando, y me salió bien rápida la canción.
Me daba mucho miedo y cringe, porque no había hecho una canción con esa técnica de voz. Era exponerme de una manera distinta, más cruda, más fea si querés verlo así. Pero cuando la subimos, la respuesta fue rarísima: a la gente le encantó. Y yo no la quería sacar por eso mismo.
Nació como un interludio del disco, algo cortito, y terminó siendo de las canciones que más pegaron. Cuando la grabamos —Jesús, el otro guitarrista, Edu y yo— la terminamos entre los tres y dijimos “no mames, güey.” De hecho la mezclamos entre los tres: cada quien hizo su versión y agarramos lo mejor de cada una. Es un Frankenstein de nuestras mezclas.
¿Cómo has sentido que la gente conecta con eso?
Óscar: Ya me curé de espanto, ¿sabes? Ya no me pesa si subo un reel y llega a 100 views. Lo que sí me llama la atención es saber que de esas 100, dos o tres personas de verdad la sintieron, que la están tarareando. Siento que poco a poco la banda está forjando una comunidad de una manera muy sencilla.
Doy clases, y me sorprendió un chorro que mis alumnos se saben todas mis rolas. Yo nunca les comparto eso en mi vida diaria, me da un poco de pena, siento que soy como el profe de 32 años haciendo su banda de chavo ruco. (risas) Pero la semana pasada mis alumnos se sabían hasta la rola nueva. Me dicen “no mames, profe, está bien chida.”

Y en nuestro primer show oficial pasó algo bien cagado: la gente que estaba ahí no era tanto nuestro público (más joven, más grande, de todo) y aun así estaban coreando “Me Quemo.” Es gente que tú dirías “oye, tú escuchas a Lupita D’Alessio, ni de pedo tienes mi rola en tu playlist.” Y ahí estaba, cantándola. El proyecto conecta de una forma rara, nomás por hacerlo por divertirnos. Siento que la gente lo siente sin saber que es así.

En la entrevista pasada me decían que no querían tocar en cualquier lugar. ¿Sigue siendo igual?
Óscar: Sigue siendo la misma intención: tocar lo menos posible. No porque no queramos, sino porque la idea del proyecto es pasarla bien, sacar lo que tenemos en la cabeza. Obviamente en una banda vas a tener que tocar una que otra vez, pero la intención sigue siendo esa: no gastarlo tocando por tocar.
Edu: No cambiamos la narrativa. Tratamos de que las tocadas sean más significativas: que se sientan como un hito, como un evento, aunque no sea cualquier cosa.


Óscar: Aquí en Pachuca hay una ruta de bares bien trillada: tocas en “La Planta” y esas cosas, cada viernes en la chilanguita. Y no es lo que queremos. El proyecto está muy enfocado a la nostalgia, a las tocadas en casas, en jardines, así como empezaron los toquines cuando yo entré a esta movida.
Nos invitó a tocar una banda del Estado de México, Cacomixtle, muy chida, midwest emo mexicano. Y sentí que era una oportunidad así, medio under, de la vieja escuela. Nos han invitado a como tres shows más, en tal bar o en tal otro, y siempre es de “déjame checar,” porque no es tocar por tocar. Este show tenía esa vibe que a nosotros nos emociona. Se los platiqué y todos dijimos “no mames, sí, vamos a tocar en este pedo.”
Ahora todos los toquines son en venues que te cobran 30 mil pesos. Y este es alguien que rentó un salón de fiestas, montó su propio audio, sacó una concesión de chelas, y ya. A lo mucho hay palomitas y chicharrones. No es que llegues y esté el bar cobrándote 150 pesos el boleto. Es esa escena de nostalgia de cómo eran los toquines antes.
¿Y hacia dónde quieren llevar esto de las tocadas?

Edu: Se potencializaron varias cosas que ya teníamos planeadas: esto de pasarla bien y que no se sienta como obligación. Que no queramos tocar mucho, o que sea más significativo, no quiere decir que estemos cerrados del todo. Por ejemplo, esto de las giras en casas: armar algo como una mega peda, pero con tocada. Como Proyecto X, pero con bandas.
Hay una banda, los All American Rejects, que está haciendo su gira así: los fans ponen su casa y ahí tocan. Empezaron como en protesta, porque cada vez las empresas de boletaje y los festivales se están pasando de verga. Los shows en vivo se están volviendo eventos de privilegio: si tienes la lana, vas; si no, te chingas. Y la música en general se está privatizando cada vez más: pagas tu membresía de streaming y nada es tuyo. Antes comprabas el CD, apoyabas a la banda, y aunque le caía una lana a la disquera, igual algo llegaba. Ahorita como banda es bien difícil hacer esa lana, porque el streaming sí paga, pero hay como 20 mediadores de por medio.
Estos güeyes hicieron su gira en casas y graneros, con sus fans casi en la peda con ellos. Eso estaría bien chido. Igual y planeamos una en un año: agarrar unos fines de semana, tocar en una casa, algo chill, más allá de llegar a un bar. Una tocada con bandas locales, nostálgica, que nos alimente ese chip de la nostalgia por el que nació la banda, como el hobby que hubiera querido vivir yo a los 15 años, nomás que ya no estando pendejo para no disfrutarlo.
Óscar: Ya lo disfrutas más consciente.
Ustedes también están del otro lado, en la producción, la composición, trabajando con otras bandas. ¿Lo ven igual desde ahí?
(les confieso que cuando salió esto de que nada es tuyo con el streaming, empecé a descargar música otra vez, a meterle MP3 a un iPod)
Edu: El iPod está chido como ritual, la neta. Es una forma de anclarte, de que no sea tan efímero, tan desechable. Le das un valor más grande. Tienes memoria limitada, entonces filtras qué metes y qué sacas, eso te generaba algo. El streaming está chido porque tienes una apertura inmensa a todo. Pero yendo a tu pregunta: creo que nosotros somos todo lo que no se debería ser si quieres vivir de esto.

Sí tendrías que estar buscando dónde tocar, dónde te dejen, subiendo rolas, chingue y chingue a los de streaming. No creo que seamos el ejemplo a seguir como banda. Pero tampoco lo queríamos ser. Hasta hubo un momento de crisis donde queríamos bajar la música de Spotify, como en protesta. Por un lado, para comer, sí jugamos el juego del streaming, de la disquera, de todo eso a lo que le tienes que vender el alma. Y por el lado de la banda, ahí es nuestro lado revolucionario, rojo, true: “no, a la verga Spotify.”
Óscar: Porque al final la banda no es nuestro ingreso principal, güey. Ni cerca.
Lo de mezclar “Efímero” entre los tres, ¿lo van a seguir haciendo?
Edu: Fue un buen experimento. Creo que en todas las canciones siempre estamos presentes de alguna manera, dando input: desde la visión, desde la ingeniería de audio. En esta hicimos tres versiones de mezcla y las combinamos. Pero también siento que esto se está yendo hacia otros lados: cada quien aportando desde donde le nace, alguien se avienta el moodboard, el diseño para las fotos, el merch. Ahorita lo que queremos, ya que saquemos el EP, es hacer el siguiente material todos juntos. Un retiro, una cabaña en el bosque, componerlo entre todos. Ese sería el siguiente experimento. No es casarse con una idea. Es lo que mejor resuena en todos.


Óscar: La primera rola la intenté mezclar yo con Jesús, nos mandábamos la sesión de ida y vuelta. No salió bien al primer intento. Cuando entró Edu hicimos como un concurso: cada quien mezcló su versión de “Me Quemo” y la que más le sonó a los demás fue la que quedó. De ahí encontramos un workflow bastante chido: yo mezclo, y a Edu le dejo los efectos de voz (delays, reverberaciones) porque a mí eso no se me da tan bien. Esta última rola la mezclé yo solo en dos, tres horas, con Edu sentado ahí en el estudio. Y fue la primera que a todos nos gustó a la primera. Ya nomás quedan los detallitos.
¿Cómo trabajan las letras?
Óscar: Las composiciones se han dado de que alguien dice “mira, escribí esto.” Las primeras rolas las hice yo, y de ahí el baterista se prendió y empezó a mandarme letras. La verdad nuestras dos rolas favoritas del EP son las que escribió él. No ha sido de que “el compositor de la banda soy yo”. El otro guitarrista igual ya nos mandó unas ideas.
Edu: Ya, ya te di, güey, una letra. Ya te di.
Óscar: Este primer disco nació de la idea de que sonara como si estuvieras platicando en terapia tus problemas. De hecho, las primeras ideas de portada eran esos sillones de psicólogo. Cada rola habla de un trauma: “Me Quemo” habla del síndrome del impostor, hay una que habla de daddy issues, otra del alcoholismo, otra de problemas de pareja, del abuso. De ahí se desglosó lo de la nostalgia y varias cosas más.

En mi caso, escribo cuando me siento muy mal, o algo me pasa. Ahí es donde salen las rolitas. Y justo ahora nos invitó un artista a hacer un feat, todavía falta para eso, pero fue la primera vez que compusimos todos juntos. Vino, platicamos, escribimos nuestra parte en el momento y se sintió muy chido, bien fluido. Es fan del proyecto, le gustó un chingo y nos lo propuso. De broma le decíamos “llévate tu rola, nosotros nos quedamos con esta parte para una nuestra”, porque nos gustó mucho lo que compusimos. (risas) Si sale, qué padre. Si no, la experiencia va a estar chida igual.
¿Cómo los encontró este artista?
Edu: Es fan. (risas)
¿Qué tan difícil es escribir? ¿Le piensas mucho o se te sale así nomás?
Óscar: Yo tengo un mantra que mantengo hasta la fecha, de algo que dijo Björk en una entrevista: que si una rola le quitaba más de cierto número de horas o días componiéndola, la desechaba: que algo que realmente funciona es algo que sale en dos horas, algo que conecta rápido. A mí me pasa lo mismo. Cuando me pongo a pensar mucho la letra, ya sé que no va a salir nada, y la dejo. Nunca me tardo escribiendo cuando algo me conecta. Si no conecta, mejor lo quito.

Una de las rolas que tenemos guardadas nació de un post de Instagram que escribió Edu. Me llamó la atención, le contesté algo, y a las dos horas le mandé la rola completa con guitarras. Me salió así, omití todo lo que pensaba. Así han sido casi todas: rápido, o de plano no sirven.
Edu: A mí las ideas que sobrepienso ya dejan de ser mías, empiezo a pensar en los demás, en el qué dirán, y ahí ya no está chido.
Para cerrar: ¿qué quieren que pase con la banda este año? ¿Cómo se sienten comparado con la primera entrevista?
Edu: Que nunca dé ese salto a sentirse como trabajo, como obligación. Viéndolo del lado más romántico, me gustaría que fuera una oportunidad para conectar con más banda, con más pandilla. Ir a tocar a otro lado sin que nos paguen, pero que nos traigan: que nos den dónde quedarnos, comer, los pasajes. Con eso yo estoy chido. Viajar con los compas, conocer gente, nomás porque fue honesto y chido tocar. Si después nos patrocina alguien y eso, pues ya.
Óscar: Yo creo que es lo mismo. Me ha gustado mucho conectar con la raza. Llevo más de la mitad de mi vida haciendo música y proyectos, y es la primera vez que siento que genuinamente conecto con la gente. Me gusta pensar que alguien se siente acompañado, que piensa “no soy el único al que le pasa esto.” Me gustaría que la gente conociera más el proyecto y conectara más con él, aunque eso implique más esfuerzo, más sacrificio. Estoy dispuesto, porque me alimenta bastante.
Edu: Y decías, suéltate.
Óscar: Sí, pero…
Edu: Y tú no te soltabas.
Óscar: Nunca había tenido esta sensación de expresarme así. A mí no se me facilita decir las cosas que siento, pero con la rola sí. Y sí, suena trillado, pero ahorita quiero escribir las canciones que más me duelan en mi existencia. Últimamente he escrito dos, tres rolas más, y todas las he escrito llorando. Es como algo catártico, se siente muy rico. Tengo una en específico, muy personal, que quiero sacar para el siguiente material. Me acuerdo que escribirla fue horrible, grabarla fue horrible, y cada vez que la escucho es horrible. Es una adicción bien rara: hace rato la pensé y dije, “puta, la quiero escuchar para sentirme mal.”
Edu: Uno piensa que solo está más acompañado cuando entiende que las emociones son limitadas: todos sentimos lo mismo, aunque la situación sea distinta. Tristeza es tristeza, sea porque te abandonaron o porque se te murió alguien. La música conecta aunque la historia sea diferente para cada quien: la forma o el fondo de la canción te ayuda a llegar a tu propia narrativa.
Óscar: Siento que trabajar en la música nos quitó esa alegría chiquita, esa chispita. A veces es de “tengo que buscar más artistas para hacer más rolas” y ya no sientes esa emoción. El proyecto llega y es otra cosa, aunque no dé ni un peso todavía. Pero lo hacemos con un chingo de amor. Y siento que me regresa ese amor a la música. Porque cuando trabajas de esto, dicen “haz lo que amas y nunca trabajarás”. Mentira, sí trabajas, y se te empieza a echar a perder un poco lo que amabas. Con este proyecto regresa eso: hoy tengo ensayo y me emociona, va a ser el show y me emociona, quiero hacer un reel y me emociona. Eso ya lo había perdido, y es lo que quiero de vuelta.
Edu: No, estás más culero, porque es lo que amabas. Te lo estás echando a perder.
A esta edad, a esta experiencia, ya sabes cómo tiene que sonar, ya no andas tan ciego. Ya sabemos a qué sí hay que traer ingenieros, cómo hacerlo sonar bien con lo que tengamos. Y eso se traslada en algo que la gente acepta y que la entusiasma más. Y también reconecté con mi yo con ganas de hablar de música, de morrito: volver a cargar el amplificador, ver guitarras en internet otra vez. Ya le volví a agarrar el gustito.
Ahorita entiendo eso de que lo que se disfruta es el proceso, no el resultado. El resultado ahí va a estar o no. Pero el proceso no regresa. Eso nos pasó a Óscar y a mí cuando esto se volvió nuestro trabajo: al principio era un sueño, era el proceso. Cuando de verdad se vuelve el jale, uno se ciega de eso y algo en ti se muere un poco. Ahorita es donde más me resuena: disfruta el proceso, no el resultado.
Listo, chicos!

Entrevista: Héctor Martínez | The Roomtone
Fotos: Edu Sahe y Omar Iñaki
Banda: Óscar (voz y bajo), Edu (guitarra rítmica), Jesús (guitarra lead), Carlos (batería)
De Ciertos Pensamientos — Pachuca / Ciudad de México