Quedamos en hacer una llamada, Bipoxx y yo, porque hasta ahora ha sido la única manera de poder hablar con bandas de fuera. Ashley en un taxi y Luciano en su coche, ambos con una señal de mierda. Mientras esperábamos a que llegaran los que faltaban, me explicaban la situación política de Perú con ese tono que tienen los que viven algo heavy y aún así se ríen. Antes de que empezara la entrevista, me contaron de las bandas funadas que desaparecieron de la escena. En Lima, la memoria no perdona.
Una canción escrita a los 18 que nadie en la banda quería sacar. Es la que más se está escuchando.

¿Cómo se sienten con el momento que están viviendo?
Sergio: Nos sentimos más seguros. Pasó algo muy chistoso. Sacamos una canción llamada Piscanos, es sobre un romance pero usa de recurso una tienda de conveniencia, hay una promo 2×1 de pisco en Tambo. Se volvió viral en TikTok. Subimos de 10 mil oyentes al mes a 22 mil en una semana. Me escribieron amigos que no tienen nada que ver con la música, mis propios padres, gente de mi chamba. Nada que ver.
Enzo: Me pasó que gente que ni es de nuestro entorno me decía “oye, tú eres el de la canción del Tambo.” Acá en Perú hay una cultura del meme desde que empezó el internet: Dynapac, lo de “cerveza, cerveza”… siempre fuimos blanco de memes. Y ahora eso también chapa a la música, ¿no?


¿Y cómo es eso de que la canción se hizo meme?
Luciano: Es un poquito controversial, o sea, por la letra. Hay gente que le parece chévere, se siente identificada. Y hay gente que no le gusta. En un principio a mí no me vacilaba, hablo por mi parte, creo que a Enzo tampoco. Porque me parece quizás un poco simple. Siempre me han gustado más las canciones que cuentan una historia. Y claro, a Jonatan le gusta. Pero pegó, ¿me entiendes? Y esa simpleza, a pesar de que nosotros decíamos letra de mierda, fue la que terminó pegando. Gente de la universidad me preguntaba si era nuestra canción. Les decía que sí y me decían “¿qué letra de mierda te gusta?” Y ahora yo… ¿te gusta?
Sergio: Sí, así nos han dicho.
Jonatan: Un punto bien cagado es que a todos los Bipoxx no les ha gustado mi letra de Piscanos. A nadie, ni siquiera a uno.
Enzo: Ni a ti mismo, sé honesto.
Jonatan: Mira, para mí el contexto de esa canción es para una persona muy especial que actualmente no frecuenta en mi vida y no va a frecuentar. Quería ser simple porque es la cosa que más recuerdo y la que más siento de haber pasado con esa persona. Yo normalmente soy bien raro en los versos, directo en la estrofa y más pop en el coro. En este caso quise que fuera así de sencillo.
Y surgió la magia del marketing: la gente decía “letra de caca, qué simpleza, qué basura”, y luego venía gente diciendo “la música no tiene que ser estructurada para ser buena.” Empezaron a hablar entre ellos y generó el viral. No siento que sea lo mejor que he escrito. Pero yo diría que si no le gusta a 100 personas y simplemente una se sintió identificada, o capaz la misma persona a la que le dediqué la canción se sintió identificada, para mí es lo que más vale.
Enzo: Creo que esta es la primera vez que los cinco hablamos de la letra de Piscanos. En el chat de WhatsApp no solemos hablar de eso. Siempre fue “oye, no me gusta,” “oye, no me cambies la letra.” Pero los cinco juntos, diciéndonos “esta letra es una mierda, pero puta ya, que pegó, ya está”, es la primera vez.
¿Es la primera vez de verdad?
Jonatan: Sí, sí, sí.
Sergio: Por qué…
Jonatan: Bueno, pues. Chúpenla.

¿Cómo fue la decisión de sacarla si a nadie le convencía?
Sergio: Nadie dijo nada. Yo sí le dije que no me gustaba, que se sentía muy chivolada, muy de chico que va a salir con alguien y no tiene nada más que ofrecerle que “compremos la promo.” Le pedí que cambiara algo. Dijo que no. Y me llegó al pincho, me llegó al bolo.
Jonatan: Sí, en realidad no fue una imposición exacta. A veces pasa que, por ejemplo, Enzo dice “no me gusta esta línea de guitarra” y yo la meto igual porque es mi aporte creativo. O Sergio no quiere un ritmo de batería y lo seguimos tocando así. Cada uno va por su lado. Esta vez salí con la mía. Y bueno, funcionó.
Jonatan: Y la canción tiene historia de cómo llegó hasta acá. Mi compañero Enzo compuso una canción llamada Corazón, y por azares de la vida Corazón acaba en el mismo acorde en que empieza Piscanos. Dijimos: esto puede conectar. Yo le metí letra y combiné las dos historias. Y la tenía guardada en un borrador desde hace dos años, desde cuando tenía 18. Quiero que el álbum cuente una historia a partir de ahí.
Bueno, ojalá que después de esta llamada sigan juntos y siga existiendo Bipoxx.
Jonatan: Sí, sí, sí. Ya sobrevivimos esto, ¿no?
¿Cómo nació la banda?
Jonatan: La inicié por pica. Un día ensayé con unos chicos y me dijeron que no podían hacer una banda, que tenían otras cosas. Eso me dio pica y empecé a reclutar. Después los que tenía me dijeron que tampoco, que tenían sus proyectos. Y quedé solo, con unas cuantas canciones. Creo que ahí es donde realmente nace Bipoxx, lo que se siente como lo nuestro. Conocí a Ashley, que se quedó conmigo, y de ahí fueron llegando Luciano, Sergio y Enzo por circunstancias. No me acuerdo ni cómo conozco a Sergio, pero ya está acá. ¿Qué voy a hacer?
Sergio: Yo los conocí por un pata llamado Ray. Estudiaba en la universidad con alguien llamado Anthony, que tocaba en una banda llamada Mimo, bueno, “mi mochila huele a semen.” Yo tocaba en esa banda también. Y él me dijo que su amigo necesitaba un baterista. Fui al ensayo, todo surgió normal. Estaba con mis dudas al principio, antes yo quería hacer screamo. Pero ya, es un toque madurar. (Risas) Me sigue encantando el screamo, pero también me gusta Bipoxx. Y ya pasó todo, grabamos el EP.
Jonatan: Lo que yo recuerdo es que Sergio me dijo que no sabía si quedarse porque quería una banda que progresara. Y en ese tiempo él estaba con otra banda. Que actualmente está muerta y creo que nunca va a revivir.
Enzo: Jonatan es el Bipoxx más viejo, eso es el resumen. Yo soy el último que entró. Cuando llegué, lo sentía como que estaba en pañales. Ahora lo siento más como un niño, ya está chapando cosas, siendo un poco más creativo. Sonamos más sólidos. Ashley conoció mejor su textura de voz, Luciano fue descubriendo su instrumento, Sergio se enlazó más con su batería. Cada uno evolucionó, y eso consolidó el sonido. Evidentemente no creo que estemos en nuestro potencial más alto, pero de cómo sonábamos antes a cómo sonamos ahora, sí hubo una evolución.


¿Y Lima? ¿Cómo está la escena para una banda empezando?
Jonatan: Sí hay espacio, hay muchos organizadores que hacen convocatorias para emergentes. Pero todos comenzamos desde abajo. Hubo un tiempo en que teníamos que vender entradas nosotros mismos para que nos subieran a tocar. Un día dijimos “hasta acá no más” y empezamos a cobrar por nuestro tiempo. De ahí llegó la primera fecha donde nos quisieron pagar de verdad, y de ahí se va progresando.
Enzo: Yo sí creo que hay apertura, pero hasta cierto punto hay argolla. Argolla que hemos tenido que romper, tocar puertas, hacer contactos, hacer derecho de piso, hablar con organizadores. Eso es correcto, nadie te la da fácil. Pero sí creo que podría haber un poco más de espacio para emergentes, porque en venues chiquitos he escuchado bandas con mucho potencial. Tampoco digo que somos lo mejor, pero lo que hemos conseguido lo hemos conseguido con trabajo duro.
Jonatan: Y en los eventos grandes siempre es por argolla, casi nunca por meritocracia. Eso trunca la movida. Para que te llamen tienes que explotar en TikTok o sonar bien fuerte y mantener ese grito estable para que recién volteen a verte.

¿Tienen alguna anécdota de eso?
Enzo: Sí, la del Hola Fest, la quiero contar yo porque a mí me ocurrió. Hola Fest es uno de los festivales más importantes de Lima, entrada libre. Sergio era amigo de una de las organizadoras desde hace seis, siete años. Por casualidad me la encontré en un curso de la universidad sin saber que estaba ahí. Ya antes habíamos tenido conversaciones de que querían invitarnos, pero nunca se concretó. Nos hicieron una fecha y se canceló, así que nuestro nombre quedó en la lista de posibilidades.
Yo le insistía: por favor métenos al festival, sería increíble, tal. Y ella siempre “en algún momento, en algún momento.” Un día estaba practicando en la universidad y me llamó: “necesito tu respuesta ahorita, mi jefa me está matando.”
Sergio: Y en realidad me estaba llamando a mí. Pero yo tenía siete llamadas perdidas suyas y decidí no contestar porque me dio flojera.
Enzo: Me dijo sí o no, yo le dije sí. Le pedí un precio y le dije cien soles.
Jonatan: Cien soles entre cinco personas son como veintisiete dólares. Pucha, cien soles. Y es la segunda feria más grande de Lima.
Enzo: Los chicos me mataron después cuando les conté. En ese momento ya estábamos tratando de cobrar más por evento. Pero bueno, confirmé.
Jonatan: Fue bonita la experiencia, muy fuera de la ganancia. Ya no se podía mover. Cayó toda la gente que nos conoce y más, doscientas personas, estaba repleto, lleno. ¿Cómo van? ¿Tocamos súper excelente? Sí, tocamos súper excelente, hubo buen sonidista. Fue increíble cómo cantaron, cuántos videos sacaron, cuánta gente nos vino a seguir. Las ferias son de entrada libre, cualquiera puede pasar y convertirse en oyente nuevo. Fue lo mejor que nos ha pasado hasta la fecha. Y yo perdí mi polo ese día, ese baboso, me fui a la prueba de sonido y lo dejé ahí arriba. ¿Quién se lo habrá llevado?
¿En qué se gastaron los cien soles?
Sergio: En el taxi de regreso. (Risas)



¿Cómo componen siendo que ninguno escucha lo mismo?
Jonatan: La mayoría somos versátiles, eso sí es un punto a poner como estrellita para cada uno. Cada uno se adapta a lo que está sonando. Yo traigo algo muy simple, un rompecabezas con las piezas sueltas, un 50% o 60%, y todos los chicos me ayudan a armarlo de una manera única. Y creo que no congeniamos en gustos musicales, lo cual puede sonar mal, pero es lo que nos hace Bipoxx.
A Luciano le puede gustar el bajo sonando como guitarra. Enzo tiene un sonido particular que viene de Cerati. Sergio es más grunge, más punk. Ashley tiene su estilo. Y yo escucho Enjambre, pero no para copiarme la fórmula. Me gusta cómo Humberto es poético de cierta manera, y algún día me gustaría profundizar más en eso. Compongo tranquilo, agarro la guitarra un día, saco unos acordes, veo cómo va quedando.
Enzo: Nunca ha sido “alguien manda una maqueta y se toca lo que dice.” Siempre fue: alguien manda una idea, nos juntamos en el ensayo y jameamos a ver qué sale. Yo les puedo decir que en mis guitarras he metido cosas de Stevie Ray Vaughan, de Molotov, de Math Rock, de Mid West Emo, cosas puntuales que capaz los demás no escuchan pero yo sé dónde las puse. Sale un vómito de sonidos y al final encontramos los matices.
Jonatan: A mí me gusta escuchar un álbum donde una canción se siente fuerte y la siguiente es frágil, suave, melódica. Como lo que hicieron Paco y Catriel en Espíritus Libres, esa amalgama de sonidos me parece increíble. Quiero que nuestro álbum tenga esa libertad. Tu salchipapa con la crema que quieras, ¿sabes? No me gustaría quedar sonando siempre lo mismo.
Enzo: Acá en la escena limeña hay tres cosas: ferias, pogo y corazones rotos. Tratamos de que nuestras canciones tengan algo de los tres.


¿Qué ha sido lo más difícil de todo esto?
Jonatan: Vivir. (Risas)
Sergio: La realidad peruana con la música. Es algo un toque duro. A la mayoría no le alcanza la plata ni para pagar el ensayo ni para llegar al lugar donde ensayan, porque el tráfico acá también es otra cosa que influye. Yo por ejemplo, que chambeo, no gano lo suficiente para pagarme un EP. A veces necesito de verdad que paguen por la tocada porque si no, no puedo ir.
Jonatan: Los cinco no contamos con las mejores posibilidades. No puedo decir “mañana saco un álbum y si no quieren participar lo hago solo.” Lo que más nos alegró fue que Piscanos fue la primera canción que pagamos con las ganancias de las otras canciones. Eso se sintió chévere, porque es como un avance, un paso más en el escalón, ya podemos ir caminando así. Es como una mejora para el cuerpo, no sé, un dedo más o algo así.
¿Y qué los hace seguir?
Enzo: Es difícil. Coordinar un ensayo a las 5 y tener que salir de tu casa a las 3 para llegar, con todo lo que tienes que hacer, estudiando, trabajando. No todos tenemos las mismas 24 horas. Tus 3 no son mis 3. Yo a las 3 puedo estar en mi casa echado y tú puedes estar trabajando, sacándote el ancho. Eso es complicado.
Pero creo que es peor no hacer nada. Es peor quedarse de brazos cruzados, decir “cuando tenga dinero lo haré”, “cuando me pase esto lo haré.” En lo personal, el hecho de seguir acá es porque mi meta como músico es chambear todo lo que pueda. Sacar todo el arte que tengo dentro. Jonathan sí es el que suele chambear más, puesto que es su proyecto, pero creo que cada uno de nosotros también ha tenido su mérito. El hecho de levantarse un día y decir ¿por qué sigo aquí? Y seguir. Encontrar las personas adecuadas y decir: hay que hacerlo ahora.
Sergio: Es verdad. La cosa está difícil, necesitamos apoyarnos entre todos.
Listo, chicos.

Entrevista: Héctor Martínez | Fotos: Yercy Lopez | The Roomtone
Bipoxx / Lima, Perú